Los autores de “Globesity” son, en su mayoría, investigadores nutricionales y, a diferencia de los colaboradores de “The Fat Studies Reader”, ven la obesidad como un desastre, tanto para los individuos que la sufren como para los sistemas de salud en los que probablemente serán atendidos. Diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, hipertensión, diferentes tipos de cáncer (incluyendo el colorrectal y el de endometrio, cálculos biliares y osteoartritis son solo algunas de las condiciones asociadas al aumento de peso.

Si se hará algo, o si se puede hacer algo, para detener la ola de obesidad es, por ahora, una pregunta sin respuesta. La Organización Mundial de la Salud ha presentado más de tres docenas de acciones para que los gobiernos promuevan la alimentación balanceada y el ejercicio; como el “impuesto a las grasas” en los snacks calóricos, mejorar la educación de la salud, regular la publicidad de comidas y bebidas, limitar las comidas disponibles en instalaciones públicas y asegurar el acceso a aceras y ciclovías.

Pero, algo que quien no ha hecho nunca una dieta sabe, es que el peso que se gana con facilidad es difícil de perder. Esto es incluso más difícil a nivel social. Esos políticos que podrían tomar estas recomendaciones tienden a, según los autores de “Globesity”, ser esclavos de los grupos de interés que se benefician del status quo. (Probablemente no sea una coincidencia que, en una época en la que el resto del mundo se parece más a los estadounidenses, las corporaciones de este país hayan hecho inversiones significativas, algunas por 55 mil millones de dólares al año, en procesado de alimentos e instalaciones de distribución en otros países.) “Para combatir la obesidad se requiere de una nueva concientización, de re-educar a las grandes masas de consumidores, lo que parece ser una posibilidad remota”, dicen.

LEAVE A REPLY